María Teresa Andruetto

Me crié en un pueblo de la llanura cordobesa junto a un asilo de enfermos mentales que, en épocas de mi infancia, era el más grande de Sudamérica. Ser hija y nieta de inmigrantes, el paisaje de la llanura y El Asilo han sido marcas importantes. Las palabras aparecen para nombrar lo que falta y en ese sentido reconozco dos faltas que me nutrieron: los relatos idealizados de mi padre acerca de su tierra, su familia y sus amigos a los que nunca ya más vio y el deseo de escribir no realizado de mi madre. Tempranamente me apasionaron los episodios de vida de la gente común que me rodeaba tanto como las historias en los libros; también la música del habla, de las diversas hablas que iba descubriendo.
Fui desde chica una lectora muy intensa; después la universidad me enseñó a leer en relación con el contexto. La escritura apareció muy pronto, como un vicio o un consuelo, en cambio el deseo o la necesidad de ser escritora llegó recién hacia mis treinta años. Comencé a publicar a mis cuarenta; siempre me pareció un regalo ser leída, ahora ya, por muchas personas. En estos últimos veinte años llegaron novelas (Tama, La Mujer en Cuestión, Lengua Madre, Los Manchados), cuentos ("Cacería", "Huellas en la arena"), nouvelles (Stefano, La niña el corazón y la casa, Veladuras), libros de poesía (Kodak, Pavese, Sueño americano), ensayos (Hacia una literatura sin adjetivos, La lectura otra revolución), libros para niños (El anillo encantado, La mujer vampiro, La durmiente, Había una vez, Zapatero pequeñito, El incendio, entre muchos otros) premios, viajes, otros muchos regalos…