Filba Nacional San Rafael 2016

La quinta edición se llevó a cabo en la ciudad mendocina de San Rafael, entre el jueves 7 y el domingo 10 de abril. Durante 4 días, el festival reunió a 30 escritores en cerca de 36 actividades. Además, tuvimos un programa para docentes, bibliotecarios, editores y mediadores de lectura; y un capítulo local del Filbita.

Bajo piedras gigantes y un viento que rugía comenzó la quinta versión del Filba Nacional en San Rafael. En una ciudad donde no llueve nunca, el peor temporal en años acompañó, sin faltar, los cuatro días del festival. 

Quince escritores de todo el país más trece autores y artistas de la provincia de Mendoza se reunieron en esta nueva edición, en la que nos adueñamos de la casi centenaria y vital Biblioteca Popular Mariano Moreno, la Universidad de Cuyo y el Consejo Deliberante de la Municipalidad. 

En este festival exploramos la frontera, en una ciudad que la tiene como referencia obligatoria, ineludible. Límites simbólicos, reales, geográficos, políticos y ficcionales fueron los que atravesaron las más de 35 actividades en las que nos encontramos en lecturas, charlas, experiencias literarias y música. 

Mientras Iván Moiseeff, en su relato en la lectura  Al Límite, planteaba que “la literatura es una máquina de ampliar fronteras”, Hernán Ronsino declaraba en el panel Civilización y Barbarie hoy que “la literatura nos permite imaginar lo otro”

Y en ese ejercicio de imaginar al otro volvimos a la oralidad, al relato, impulsados por Eduardo Belgrano Rawson, que en su charla inaugural afirmó que “todos tenemos una historia en la punta de la lengua” y María Teresa Andruetto reforzaba esta misma idea en su charla con docentes: “ligo la pasión por contar a los momentos primeros de la vida, porque el contar estuvo mucho antes que el leer y está detrás, por debajo y antes de la escritura”

Encontrarnos con la naturaleza, esa que hemos perdido por la vida urbana, fue otra de las intenciones del Festival. Ya sea en el panel Traducir el paisaje, en el Cruce Epistolar: ecologías personales -entre Oliverio Coelho y Gabriel Dalla Torre- o en las Bitácoras, en donde la mendocina Mercedes Araujo reconoció lo que le cuesta embarrarse cuando pisa tierra mojada, fue el tema fundamental. Y -siguiendo una frase con la que solía presentarse el autor ineludible que sobrevoló todo el festival, Antonio Di Benedetto: “soy un escritor argentino pero no de Buenos Aires”-, también se intentó descentralizar la literatura y su discusión.
 
Las lluvias implacables nos obligaron a cambiar de sede, dejando el Laberinto de Borges (siempre algo debe quedar pendiente para volver) por la Biblioteca Popular Mariano Moreno.

Acá tuvimos nuestro Lado B, esos encuentros informales con escritores que esta vez estuvieron acompañados de una copa de vino, como la Cata de libros, la intimidad de las lecturas 1 a 1, y el recital de Mariana Päraway, que le dio al programa ecos de la montaña. 

Eduardo Sacheri fue cómplice con sus lectores en una entrevista abierta, a sala completa en la Universidad de Cuyo, se emocionó con los estudiantes en la Escuela del Perú y conversó con adolescentes el sábado por la mañana mientras circulaba el mate y él contaba su recorrido lector. “Me doy cuenta de que escribo porque leo”, confesó.  

Los chicos también tuvieron su espacio de encuentro con la literatura en las distintas actividades que organizó el Filbita durante el fin de semana. Entre susurradores, cuentos y talleres imaginaron sin fronteras, y contaron sus propias historias. 

El domingo temprano, cuando una niebla amenazaba con la posibilidad de que nadie saliera de sus casas, todo el grupo de escritores fue hacia El Sosneado, un pequeño pueblo a 150 kilómetros montaña adentro, donde entregamos una donación de libros para la biblioteca de una escuela albergue. Todos los escritores les leyeron a los chicos los libros que ellos mismo elegían.  

A pesar del temporal, el público se acercó a toda hora y disfrutó de cada una de las propuestas. Las sillas todas ordenadas y dispuestas nunca alcanzaron y la literatura tomó todos los espacios de conversación: con el mate, en el desayuno, entre una actividad y otra.  Autores clásicos y novelas recordadas se mezclaron con ideas nuevas, escenarios informales y textos jóvenes, que dialogaron con los lectores e instalaron la curiosidad por nuevas lecturas. 

Después de Bahía Blanca, Santa Fe, Azul y Mar del Plata, el Filba Nacional continuó en la búsqueda por nuevos recorridos, cruzando más de 950 kilómetros desde Buenos Aires hacia San Rafael y trazando una nueva ruta en el mapa literario del país.