Federico Falco, invitado al Filba Nacional 2012 en Bahía Blanca, a partir de una visita al puerto de la ciudad escribió una “bitácora” como una oración a San Silverio.

Por Federico Falco.

Como en La dolce vita, cada noviembre, en el puerto, / los pescadores izan a San Silverio con una pluma / y lo dejan bambolearse un rato sobre el muelle y el agua, / sobrevolar los contenedores opacos, / el polvo de las cerealeras, / el aire con aroma a bizcochuelo dulzón y quemado de la fábrica de aceite.

Hasta que el santo no está recubierto por una capa suave de ese talquito blanco que también se detiene sobre las margaritas y sobre los techos de White, / no hacen que el guincho gire / y descienda sobre la cubierta de un barco –el guardacosta de la Prefectura.

Entonces zarpan. / Llevan a San Silverio de paseo por la ría / lo custodian con una procesión de lanchas amarillas.

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Participante en el Filba Nacinoal que se realizó en Bahía Blanca, la autora de Los domingos son para dormir y Periodismo fue invitada a escribir un texto sobre su relación con la ciudad natal a modo de bitácora del festival..

Por Sonia Budassi.

midgets

(Me enteré de “la consigna” tarde, y además, como estaba preparando la mesa de “representaciones del trabajo” siempre tenía una idea –seguro boba, o importante, no importa- sobre eso, así que seguía pensando en la mesa que terminó minutos antes de la lectura de la bitácora; entonces todo mal, empecé a escribir horas después de las que podría haber comenzado, que igual ya era muy sobre la marcha para mis tiempos de escritura y corrección. Es más, la noche anterior, cuando confesé que me iba de la cena porque no había escrito nada de la bitácora aún, un compañero de bitácora me dijo: “¿No escribiste nada todavía? Entonces no escribas a esta altura, improvisá”. La antimotivación, aunque después el mismo escritor dijo que tenía su texto escrito antes de llegar a Bahía Blanca)

1. Decir ante mi familia bahiense el trivial comentario “Me hice muy amiga de Ana, ella también es del interior” generó una condena inmediata:

-¿Cómo que “del interior”? qué es eso? hablás como porteña ahora?

“Del interior” es frase de porteño. Es absurdo que el opuesto sea “del exterior”.

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A partir de una visita nocturna al polo petroquímico de Bahía Blanca, la autora de Vagabundas compuso un texto de ficción en el que “solos él y yo en este polo sin nieve” hicieron saltar chispas.

Por Fernanda García Lao.

polo petroquímico

Voy apretada contra el cuerpo de Evaristo en visita nocturna. Su pelo huele a kerosén. O seré yo. El polo petroquimico está cerca, pero el camino se corta varias veces como una espalda rota. La posición en la moto lo tiene confundido, si lo abrazo es por seguridad. Siento poco por él. Cada vez menos. El amor es un tobogán ingrato.

Aparecemos por error frente a un castillo que fue usina eléctrica y hoy no es nada. Una construcción que oculta el vacío, una lápida brillante, justo atrás de los burdeles. El guarda nos señala el camino y no duda cuando le pregunto si está sano. Y no, acá pasan cosas. Qué, insisto. Sombras que se alejan, sonido de hienas en la oscuridad. No era la respuesta que esperaba.
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La bitácora del festival de Oliverio Coelho, que recorrió la ciudad a pie, de noche, y describe desde esa óptica el polo petroquímico: “Si hay en el mundo un intervalo, un purgatorio entre lo que está bajo y sobre nivel del mar, es el espacio industrial”.

Por Oliverio Coelho.

polo

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No hay ciudad que no se caracterice por la sustracción de cierto tipo de objetos y por el modo de caminar de los habitantes y los perros callejeros. Cuando aludo a la sustracción hablo directamente de agujeros negros que se instalan en autos, combis, camiones, y especialmente en las salidas de los cines, los aeropuertos y las terminales de micro. En ciertas ciudades italianas como Venecia o Roma, estos agujeros abducen el calzado de la dama. En alguna ciudad asiática los agujeros se ponen en marcha en invierno, como turbinas, y sustraen guantes y paraguas.

Potencia insaciable, movimiento natural para crear vacío, llámenlo como quieran. Ese régimen de abducción está tan poco explorado como la reproducción de algas en las fosas abisales: ahí se gesta otro vacío, el marítimo, para criaturas ciegas que viven la noche eterna de la creación.

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El autor de Gracias participó en el Filba Nacional en Bahía Blanca. Katchadjian estaba invitado a escribir un texto luego de su visita al cementerio de la ciudad, pero lo escribió antes de llegar a la ciudad.

Por Pablo Katchadjian

cementerio

Antes de venir esta vez, había estado en Bahía Blanca una hora, hace más de diez años, en la terminal de ómnibus, y esa experiencia me había dejado una muy mala impresión. Pero, pensé en ese momento y pienso ahora, la estación de ómnibus es una estación de ómnibus: no se le puede exigir mucho. Así que tengo que decir que no hay una primera y una segunda vez en Bahía Blanca sino solamente una segunda vez que es ésta, la primera.

Me había contado un amigo bahiense que la ciudad es muy especial, en todo sentido. Por eso no me extrañó ver los lugares fascinantes que vi. El puerto, por ejemplo. Todos los veleros coloridos y el viento moviendo las velas, la gente haciendo deportes. Los pilotes del muelle, me contaron, tienen un corazón de titanio. Esto se hizo para que el muelle pudiera rivalizar con el viejo muelle, cuya estructura está construida con mármol traído de Italia. Me dijeron que ninguno de los dos materiales, ni el titanio ni el mármol, son los más apropiados para hacer un muelle, pero que a los bahienses, tanto a los antiguos como a los actuales, les gusta hacer las cosas así. “¿Así cómo?”, pregunté, pero mi informante sólo sonrió.

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Algunos artículos en la prensa y en blogs que hablan, comentan y anuncian las actividades del festival.

 

Treinta escritores viajaron a Bahía Blanca para el primer FILBA nacional. Un repaso en Clarín por el Filba Nacional:

Hay un viejo cartel en la entrada a Bahía Blanca: “Capital nacional de basquet”. Este fin de semana, durante cuatro días abarrotados, más de treinta escritores medraron por la ciudad sureña; ofrecieron conferencias, seminarios y lecturas, y el cartel pudo haber sido reemplazado por algo así como “capital secreta de la literatura”. El Festival Internacional de Literatura (versión nacional), organizado por Fundación Filba y el Instituto Cultural de Bahía Blanca, desparramó narrativa, poesía y teoría literaria.

 

Un espíritu que vuelve a casa. El foco sobre Héctor Libertella en el Filba Nacional según Silvina Friera para Página/12:

El soplo del espíritu de Héctor Libertella vuelve a Bahía Blanca, la ciudad donde nació y donde hoy comienza el Filba Nacional, el primer Festival de Literatura Nacional, que inaugura la poeta Diana Bellessi (ver aparte). El escritor más periférico será entonces centralmente argentino, parafraseando su memorable silogismo. Más central y heterodoxo. Esa dupla oximorónica, esa centralidad-heterodoxia tan tensa a simple vista y oído, ha sido, es y será su mejor “caja roja”; una cajita que sigue navegando “en el enorme horizonte anónimo y colectivo de la lengua”. La palabra homenaje destila una ortodoxia inadmisible para el imaginario del autor de El árbol de Saussure. Mejor apuntar, como un destello al pie de la programación, que a casi seis años de su muerte habrá dos charlas o paseos tentativos por ese río de libros que lanzó como misiles, de la mano de sus lectores más sagaces: María Moreno, Maximiliano Crespi, Marcelo Damiani, Federico Falco, Pablo Katchadjian y Mauro Libertella.

 

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La bitácora del festival de Ignacio Molina está hecha a partir de un recorrido personal por la ciudad y empieza “Soy bahiense”.

Por Ignacio Molina.

Osvaldo Casanova

Soy bahiense. Supongo que ese dato, además de mis dotes como escritor, fue determinante a la hora de ser invitado a este Festival. Nací en Bahía Blanca una mañana de agosto de 1976. En 1982, por ejemplo, vi cómo la ciudad se oscurecía contra la amenaza de los aviones ingleses durante la guerra de Malvinas. En 1985 vi una pintada en la entrada del club Palihue: “cuidado, asesinos y torturadores sueltos”. En 1989, en un partido de básquet de la categoría pre infantiles, perdí una pelota a cinco segundos del final y Emanuel Ginóbili metió el doble que hizo ganar al equipo contrario. En esos años, vi los murales de los poetas mateístas decorando las calles de la ciudad. En 1990, en una librería de la calle Alsina, compré mi primer libro. En marzo de 1992, hace justo veinte años, me fui a vivir a Buenos Aires. En 1997, en una fiesta de casamiento en un salón de Bahía, le pegué un sillazo en la cabeza a Alfredo Astiz. Y así podría seguir narrando hitos hasta completar un libro, una novela autobiográfica que ya no podrá titularse Bahía Blanca.

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Un recorrido por la última jornada del Festival Nacional 2012.

Fotos: Renzo Luna Chima.

bitácora del festival

El primer Filba Nacional ya es historia. Las sucesivas ediciones dirán si también ha quedado en la historia. El primer festival nacional de literatura se hizo en la ciudad de Bahía Blanca y fue realizado en conjunto por la Fundación Filba y el Instituto Cultural de la Municipalidad de esa ciudad. Fueron cuatro jornadas con una agenda intensa que comenzó con un taller de crónica a cargo de María Moreno, continuó con entrevistas y paneles que tendieron puentes a otras disciplinas (como el deporte, la música, la pintura y el cine) y terminó en la creación de ocho textos, escritos por ocho invitados, que dieron cuenta de las experiencias vividas durante estos días.

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Un recorrido por la tercera jornada del Festival Nacional 2012.

Fotos: Paco Gómez.

mario ortiz, juan diego incardona

Durante la jornada de ayer, las actividades del Filba Nacional 2012 se mudaron a Ingeniero White, ciudad que crece como un apéndice de Bahía Blanca. Apenas a siete kilómetros de distancia, en White (hay quienes pronuncian buait, muchos pronuncian guaite) están las industrias petroquímicas y las empresas con salida al mar. White también es el lugar de Ferrowhite y el Museo del Puerto: dos ámbitos culturales muy significativos para los bahienses. El primero se creó en el 2000 y ocupa el taller de reparación de locomotoras y vagones como un espacio que preserva el pasado ferroviario de la ciudad. El Museo del Puerto es una típica construcción inglesa que recoge la historia social de White: desde hace más de 25 años, los vecinos han ido llevando objetos de uso diario conformando así un catálogo de la vida cotidiana. Ferrowhite y el Museo del Puerto fueron las sedes de la tercera jornada del Filba Nacional.

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Un recorrido por la segunda jornada del Festival Nacional 2012.

Fotos: Renzo Luna Chima.

políticas del agua

Con cinco actividades se desarrolló ayer la segunda jornada del festival literario Filba Nacional 2012, que se realiza en Bahía Blanca y continúa hasta mañana, domingo 25 de marzo. Luis Gusman, Aníbal Jarkowski y Martín Kohan, con la moderación de Juan Diego Incardona, se reunieron en el salón de actos de la Universidad Nacional del Sur donde participaron del encuentro “Políticas del agua”. La ciudad como triple frontera entre la pampa, la patagonia y el mar funcionó a modo de escenario-motivación del panel en el que los escritores debatieron sobre el lugar que ha ocupado mar y río en la literatura argentina, y el puerto como punto de fuga entre lo conocido —la nación y sus leyes— y lo desconocido —lo que se busca—.

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