Martín Buscaglia


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Nací en Montevideo en el siglo pasado.
Me piden que me presente en primera persona, lo que me genera incomodidad. Y pereza. Mejor pruebo con la siguiente.
Editaste a lo largo de los años muchos discos, los cuales grabaste en Uruguay,  España,  EEUU y Argentina. El problema de que escribas de este modo es que te parece que estás dentro de un libro de “Elige tu propia aventura”; y ni siquiera los leías demasiado de niño. (El primer escritor del que fuiste devoto fue Fredric Brown. Y el último Henrik Nordbrandt). Por eso ahora dejarás de escribir así.
Ha viajado por el mundo tocando sus canciones por un montón de países y casi todos los  continentes. También produce discos y compone música para teatro. Y este modo de escribir le disturba sobremanera: nosotros creemos que es preferible tomar otro rumbo. Tocamos  a veces en solitario empuñando nuestra guitarra, otras desplegamos  una pequeña parafernalia  o lo hacemos en compañía de más músicos. Hemos editado un libro junto al poeta Gustavo Wojciechowski, y conducimos actualmente el programa de radio online “La Casa del Transformador”.  A principios del milenio creamos, junto a los colegas Cesitar y Herman Klang,  el grupo PPAA (Payadores Anónimos) dedicado a la investigación y experimentación en base a las décimas y otros metros poéticos. Sucede que escribiendo así desprendemos un efluvio a Julio César, semejamos políticos.
Vosotros os habéis embarcado  en los últimos años en diversos proyectos  con otros artistas.  Así  habéis grabado discos junto a Kiko Veneno, prócer poético español y junto a Antolín, el niño anciano santo uruguayo. Realizasteis también giras a dúo con Yusa, cornucopia de musicalidad  cubana y con Fernando Cabrera, surubí que surca el fondo del río oriental.
Y compartisteis más: conciertos junto a Lisandro Aristimuño, el argentino del cantar benefactor,  y con Os Mulheres Negras, brasileros habitantes de vuestro Olimpo.
O, como en este FILBA, con Julieta Venegas, mexicana patrona de las melodías.
Y habiéndoos cansado de escribir así, ahora callaréis.
Son músicos desde que tienen memoria, y sólo saben serlo rodeados de libros.