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Segundo y último día del Filba Montevideo

septiembre 28, 2014

Filba Internacional 2014 | Filba |

Cierre del Filba en Montevideo con salas repletas y un recital de Cabrera inolvidable.

Texto Valeria Tentoni. Fotos Mauro Martella.

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“La poesía aparece cuando se trabaja en una zona de ambivalencias y fracasa cuando hay algo unívoco. Eso es muy difícil de tolerar: el desacato es inherente a la poesía”, dijo María Negroni en la última mesa del sábado en Sandoval, justo antes de que Fernando Cabrera se subiera a cantar en un recital inolvidable que terminó con aplausos de pie. La sala, colmada de corazones atravesados por su poesía; y en la potencia lírica que sus canciones proyectaban, en la conmoción a la que nos abandonaba a nosotros escuchándolo –muchos sentados en el piso, varios lagrimeando, cantando para adentro las palabras que él sí hacía sonar, acompañado por su guitarra— había todo eso que María mentaba minutos antes, casi en el mismo espacio que él, sobre las tablas, pero que también había trabajado por la mañana, en el Centro Cultural de España, en su taller.

Feria

Cerca del mediodía, los escritores se cruzaban en el centro de la ciudad vieja y se alineaban en dirección del almuerzo. Vila-Matas visitó librerías y buscó postales. Ya sobre la mesa se produjo una breve conversación intempestiva sobre literatura francesa. Philippe Claudel, consultado sobre Houellebecq, dijo que para él Ampliación del campo de batalla es el mejor de sus libros. Negroni recomendó a Pascal Quignard y también se habló sobre Coetzee.

La feria de libros, mientras tanto, se armaba frente al Centro Cultural de España. Ahí, Damián González Bertolino, Premio Nacional de Narrativa Narradores de la Banda Oriental con El increíble Springer y Natalia Mardero, autora de libros como los editados por Irrupciones Posmonauta y Gato en el ropero y otros haikus, oficiaron de libreros de lujo mientras Magela Ferrero (que también trabaja con imágenes fotográficas) tocaba sus temas. O, mejor decir, conquistaba la cuadra con sus canciones limpias, simples y bellas. Después del bis, el micrófono pasó a la lectura Work in progress. Claudia Campos, escritora y actriz, Horacio Cavallo, Nelson Díaz (poeta, narrador y periodista), Mercedes Estramil, periodista y autora de libros como Caja negra y Fabián Severo, autor de Noite nu Norte (con su muy musical lengua de mezcolanza inventada) leyeron textos en proceso de escritura y corrección.

Tocada

Pedrozo

En el auditorio comenzó un panel llamado “La mesa luminosa”, que se preguntó por el proceso de canonización de Mario Levrero con Pablo Casacuberta, Helena Corbellini, Alejandro Ferreiro y Ramiro Sanchiz, moderados por Pablo Silva Olazábal. ¿Cómo se lee a Levrero después de diez años de su muerte? ¿Qué se ganó y qué se perdió en este proceso de crecimiento del conjunto de lectores del autor de El lugar? Para Sanchiz, nada se pierde. O sí: “Se pierde la sensación snob de los happy few que leían a Levrero antes”. Corbellini, sin embargo, advirtió: “Levrero nunca vendió, nunca hizo rico a ningún editor. Y hoy tampoco la familia vive de los derechos de autor. Ustedes siguen siendo un público de culto. No es un autor masivo. Aumentaron los círculos, sí, pero siempre son círculos: atención. No crean que hoy todo el mundo anda leyendo a Levrero”.

En la mesa se produjo un gran debate acerca de lo que la profesora e investigadora definió como “fetichización” de Levrero: “Es terrible esta confusión entre una persona y su literatura. Pero algo hizo que terminamos hablando de él, aunque yo quisiera que habláramos de su obra”. Hablar de los libros de Levrero y no de Levrero, cortar con el biografismo, se reclamaba. Alejandro Ferreiro dijo: “Tengo la sospecha de que él se imaginaba que iba a venir todo esto”. Y agregó: “Al tipo que construyó ese tesoro todo el mundo lo abandonó durante la construcción de ese tesoro, es muy injusto”. Para Ferreiro, en vida de Levrero se produjeron estafas que catalogó como profundas. Comenzó un respetuoso debate tan picante como interesante que no terminó ni en la etapa de preguntas del público. “Canonización es también hacer con buenas intenciones cosas malas”, dijo Ferreiro, y opinó: “Levrero, incluso su obra, lo que quiere son puertas de salidas del canon, no de entrada”.

Sanchiz equilibró el debate sugiriendo algo que a todos interesaba: la posibilidad de repensar el canon uruguayo con Levrero dentro. Si lo contamos a él, ¿cómo leemos a Felisberto Hernández, cómo a Onetti, a Armonía Somers? ¿Cómo leemos a Benedetti, si lo leemos?

Levrero

Corbellini manifestó su preocupación por la posibilidad de que la consagración de Levrero esté pasando más por hablar de su persona que de su obra: “Se ha producido una especie de fetichización de Levrero. Si es un señuelo para atraer lectores, me parece bárbaro, pero no me gustaría nada que nos quedemos con lo raro que era sin leer sus libros”, dijo. Pero, convino: “Lo que pone en su escritura es su vulnerabilidad. Nos dice que escribir es una forma de estar en el mundo. Él escribe para ser. El peor favor que le haríamos sería si nosotros seguimos buscando su rareza y no atendemos a la invitación que hizo: que cada uno navegue su interioridad”.

Las intervenciones de los presentes fueron magníficas: todos tenían algo para opinar. Todos querían decir lo suyo sobre Levrero. Todos tenían una anécdota, un momento, una intimidad con el escritor ya sea desde la lectura de su obra como desde el trato en vida con él. O ambas. Nos enteramos por el público que Levrero ya se enseña en las escuelas uruguayas y que su biografía todavía es imposible ya que Levrero resulta inclasificable en su archivo, el los papeles, recortes, revistas y demás objetos que dejó.

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Un nuevo panel, a continuación: esta vez sobre la novela gráfica y su resurgimiento en los últimos años en Uruguay. María José Santacreu, coordiandora de Cinemateca uruguaya y periodista, estuvo a cargo de moderar una mesa con Pablo Roy Leguizamo, guionista y editor y Rodolfo Santullo, guionista de historietas y parte del Grupo Belerofonte. “Uruguay no tiene una tradición tan grande como Argentina en cuanto a historietas”, dijo Roy. Luego se conversó acerca del rigor histórico en el género: “No es lo mismo lo que un lector espera de historia en una historieta que en una novela histórica”, Santullo, y se refirió al lugar de la corrección en el género. “Para mí el límite es no pervertir el alma del hecho histórico”, completó.

En la tardecita, y como parte de la sección “Primera persona”, Alma Bolón estuvo a cargo de dialogar con Philippe Claudel, multipremiado escritor y director de cine francés –autor de Almas grises y La nieta del señor Linh, entre otros libros. “Pienso que las actividades artísticas no son trabajo y que tengo la suerte de ejercerlas”, respondió a la primera pregunta Claudel. “Nunca tengo la impresión de estar trabajando, porque estoy haciendo lo que más me gusta en el mundo. Yo nunca trabajo. El peor suplicio para mí sería estar condenado a no hacer nada, la prohibición de leer, de escribir, de filmar”. En cuanto a su doble producción, consideró: “El cine es un arte cruel. Son muchos años de trabajo, de inversión humana que puede ser barrida rápidamente. La literatura, en términos de producción, es menos costosa. El que escribe nunca se ve limitado ni en su imaginación ni en su técnica por datos materiales. El cine implica un límite, tiene delante de él muros temporales, económicos: muchas fronteras que hacen que no se pueda siempre hacer lo que uno quiere. En literatura, el único límite es el escritor”. Y su imaginación que, para él, es la base: “Cuando escribo lo que me interesa realmente es usar la imaginación, no limitarme a los hechos. No soy historiador, no soy sociólogogo, no soy periodista. Soy alguien que trabaja sin hacer nunca un plano, me dejo llevar en el texto y el placer que tengo en la escritura es esa gran libertad”.

Claudel

Siguió, Claudel, disparando líneas memorables sobre ser escritor: “El escritor es alguien que está fuera del tiempo, que hace un paso al costado y observa el tiempo del cual se ha retirado. El escritor es alguien que observa algo que muchos no ven y se interesa por detalles que otros no observarán. Los grandes escritores son aquellos que pueden ver lo que nadie más ve. Sin esos faros estaríamos en la oscuridad. El escritor diseca, corta todo en finas capas que va a observar en el microscopio”. Y, tras mencionar su predilección por Onetti, dijo: “Los libros son muy importantes para la vida, pero la vida es más importante que los libros. Es verdad que se puede vivir sin leer, pero se vive mejor leyendo”, aunque advirtió que el efecto de los libros sobre los lectores nunca puede medirse y que, por eso mismo, prefiere estar en la inconsciencia de la escritura: “Nunca pienso en los lectores”, concluyó.

Escribir o vivir, se preguntaba Vila-Matas al inaugurar el Filba en Buenos Aires. Leer o vivir, ponía en tensión Claudel aquí. En Montevideo se leyó, se escribió y se vivió. Mucho de las tres cosas, bajo un sol maravilloso, de frente al Río de la Plata.

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Comentarios

Genial y muy democratico evento!!!!!!!!!!!! Super disfrutable!!!!!!! Felicitaciones a los organizadores!!!! Me ofrezco como voluntario para el Filba 2015!

  • Daniel Lucas
  • septiembre 29th, 2014 at 10:07 PM

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