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El Filba Internacional según los alumnos de TEA ARTE

diciembre 28, 2015

Filba Internacional 2015 | Filba |

Como parte de su prácticas de formación, varios grupos de alumnos de TEA ARTE entrevistaron a escritores invitados al Filba Internacional como el venezolano Alberto Barrera Tyszka y el colombiano Andrés Burgos. Aquí, el resultado de ese intercambio.

PANEL TV Y LITERATURA-9

Entrevista a Alberto Barrera Tyszka

“La escritura alivia los dolores”

Por Sara Fernández, Evelyn Maroli, Andrés Maskin, Lola Schenone y Juan Zapata

Alberto Barrera Tyszka es periodista, escritor y guionista de telenovelas. Ganador del Premio Herralde por su novela de 2006 La enfermedad, acaba de ser galardonado con el Premio Tusquets de novela por su última obra Patria o muerte. En 2011 publicó la novela Rating donde incluyó muchas de sus experiencias como guionista de telenovela en Venezuela, México e inclusive Argentina en una historia de ficción que pretende responder una pregunta muy actual: ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar la televisión en su búsqueda desesperada por la audiencia?

Trabajó como enfermero oncológico. ¿Cómo fue? ¿Cuánto de esa experiencia fue a parar al libro La Enfermedad?

-Cuando yo escribo no necesariamente tengo claro todo antes. La escritura tiene eso de bueno, va clarificando las experiencias propias del autor. Cuando comencé a escribir La Enfermedad no tenía la experiencia viva y clara sino que, a medida que fui escribiendo, de repente empecé a recordar y se me hicieron mucho más nítidas esas experiencias. Pero no es que mecánicamente yo agarré y dije “fui enfermero, esto me dolió tanto y voy hacer una novela sobre esa experiencia”. Posiblemente estaba ahí, por esta maravilla que llamamos inconsciente, que funciona y se articula con la literatura. Fui enfermero a los 18 años por una circunstancia particular. Yo era seminarista, era católico en ese tiempo, ahora ya no. Quería ser cura. Como parte de los estudios, me mandaron a un hospital oncológico. Para mí fue muy impactante porque ahí vi que no había respuestas para el cáncer del lado de la clínica, y tampoco del lado de la religión. Todas esas experiencias las recordé después cuando escribí La Enfermedad.

-¿Volvió el dolor al escribir el libro?

-Volvió la impresión. La escritura alivia los dolores, funciona a veces como terapia.

-Ganar un premio es casi una carta de presentación para cualquier escritor. ¿Esto influye a la hora de escribir?

-Quizá cuando recibís el premio te ayuda porque te promociona mucho, pero después uno descubre que no te va a hacer mejor escritor. Posiblemente te ayuda a conseguir más lectores pero no si tu otro libro no tiene una garra. Y en algún momento te puede intimidar a la hora de escribir pero tampoco dura mucho. Tarde o temprano, si tú quieres escribir vas a seguir escribiendo y superarás esos miedos. Escribir siempre asusta, es una forma de exposición pública que te genera miedo, por lo menos a mí.

-Trabaja con diferentes géneros: poesía, novela, crónica y guion. ¿Con cuál se siente más cómodo?

-No lo tengo claro. Tengo claras algunas cosas: en narrativa, ficción, novela y cuento me siento muy bien, es posiblemente donde soy más yo. En televisión, la escritura está al servicio de una industria muy rígida, no puedo hacer lo que yo quiero. En la telenovela los malos son malos y los buenos, buenos. Es el reino de los estereotipos. La literatura tolera cualquier tipo de ambigüedad en ese sentido, es mucho más compleja. Yo me siento más libre en la narrativa de ficción, pero me siento cómodo en la telenovela porque la manejo, porque lo disfruto. Y en la crónica periodística también porque me conecta con mi experiencia como ciudadano. Lo que más me cuesta y donde más incómodo me siento es en la poesía, porque es lo que me parece más difícil, es algo a lo que le tengo respeto y susto. Es muy fácil ser mal poeta y los países están llenos de malos poetas. Me gustaría ser mejor de lo que soy, entonces me cuesta.

-Cuando Hugo Chávez estaba vivo, usted publicó Hugo Chávez sin uniforme. ¿Cómo fue ese proceso de acercamiento? ¿Qué lo llevo a escribir ese libro?

-Ese libro lo escribí con una periodista que hizo mucho de la investigación, se llama Cristina Marcano y además es mi esposa. Uno de los grandes éxitos del libro es que el matrimonio sobrevivió al libro, no es fácil escribir entre dos. Nosotros vivíamos en México y un editor, una vez, conversando, dijo: “¿Y usted, por qué no hace una biografía de Chávez?”. Cuando regresamos a Venezuela ya teníamos la idea, ayudó mucho que no la pensamos para un público venezolano si no para un público latinoamericano. Queríamos superar la polarización que había en Venezuela que era un país que en ese momento la mitad pensaba que Chávez era la reencarnación de Simón Bolívar y la otra mitad que era la de Hitler. Para superar eso, decidimos como método de investigación entrevistar a gente que conoció a Chávez de trato directo y personal. Le pedimos a Chávez que nos diera la oportunidad de entrevistarlo y nunca quiso, creo que a la larga fue mejor porque él hablaba mucho.

-¿Cree usted que hay prejuicios sobre el valor intelectual de los guionistas versus los escritores? ¿Es la telenovela un subgénero?

-Cuando yo empecé estaba muy mal visto ser guionista de televisión, sobre todo de telenovelas. Me acuerdo de una poeta amiga mía, que en ese momento se me acercó, y me dijo: “No le vendas el alma a Delia Fiallo”, que era una gran escritora de culebrones. Sí, había una cosa como que decía, aquí estamos los escritores dedicados al gran arte y ahí los libretistas, que son unos escritores menores que se dedican a un subgénero asqueroso que es la telenovela para embrutecer a la gente contándole historias cursis.

-A la hora de trabajar para la industria televisiva, ¿la autoexigencia es la misma?

-Cuando trabajo para mí, tengo una exigencia porque soy yo solo y sé lo que me va a gustar o no. Cuando trabajo para la industria televisiva, trabajo para alguien, para varias personas, para un productor que quiere un producto terminado y que quiere ponerle su sello, y que tiene unas limitaciones determinadas. Pero ese productor trabaja para un canal, que también tiene unos criterios. Tengo unos niveles de exigencias que son distintos porque tienen que compartirse con otros, la televisión es un acto creativo colectivo. Lo que sale en pantalla no es mío, es de todos. Tengo que aprender a aceptar que de repente mi exigencia no es la misma que tiene el director. Si no entiendo que eso es así, es complicado.

-Trabajó durante un tiempo como script doctor. ¿Cómo es ese trabajo?

-Lo hice durante un tiempo en México en cuatro novelas seguidas. Es un trabajo que a mí me gusta porque tiene algo un poco perverso. Tú llegas, y si al programa le va mal, están desesperados y te permiten hacer lo que te dé la gana. Entonces yo en general llegaba y mataba a 15 o 17, y de golpe la novela se transformaba en eso que todo el mundo quería ver para saber qué estaba pasando. Hay una cosa de reto y desafío que está muy bueno, es interesante.

Rating, su novela, refleja el mundo televisivo desde la mirada de tres hombres. La mirada femenina, ¿se la reserva para la telenovela?

-Sí, puede ser. Es la mirada masculina desde un narrador y dos jóvenes. El personaje de Manuel Izquierdo es profundamente masculino, casi misógino. Tiene algo fuerte porque está en la edad y es como un cínico. Y el muchacho está descubriendo su masculinidad. Es probable que una de las exigencias de la industria de la telenovela es que me ponga yo en la mirada femenina, y que literariamente aquí [señala el libro] lo que estoy haciendo es quizás exorcizando mis cuentas más personales y masculinas con la televisión. Es cierto que no hay nada de mirada femenina en el libro.

-Pregunta robada de su libro: ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar la televisión en su búsqueda desesperada por la audiencia?

-Pienso que no tiene límites, que siempre nos puede sorprender, que siempre está dispuesta a extender sus límites para conseguir audiencia porque lo otro es morir. Si uno se pone a analizar la televisión desde que empezó hasta ahora, sobre todo ahora con esta cosa de los realities, y lo que vendrá después que seguro nos sorprenderá. La televisión abierta está agonizando, da patadas de ahogado porque ya no sabe cómo hacer para que la gente la mire. Yo creo que de ahora en adelante va a haber más competencia, en la red va a haber cada vez más oferta y eso va a ser cada vez más impresionante. Yo creo que hay una guerra por sobrevivir, es como un cuerpo hambriento. Está dispuesto a hacer lo que sea por saciar su hambre o se muere.

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Entrevista a Gabriel Richieri y Maia Duek

Slam o el encanto de la poesía oral

Por Antonella Ferretti, Nicolás Mancini y Santiago Tami Arias

Entre las actividades de formatos no tradicionales que se realizaron en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA), el sábado 26 de septiembre se celebró el Slam internacional de poesía oral en el centro cultural La oreja negra. Fue la “Final de la Copa Filba Sur”, una competencia entre la Argentina, Uruguay y Chile, en la que se enfrentaron los ganadores de los Slams realizados previamente en las capitales de estos países. Además, las agrupaciones de Slam “Zona Norte” y “Zona Sur” de Buenos Aires se desafiaron a duelo. Cinco miembros del público elegidos al azar conformaron el jurado, que debía calificar a los participantes al finalizar cada poema.

En una entrevista, el uruguayo Gabriel Richieri, ganador de la competencia, y Maia Duek, finalista de Argentina, hablan del slam y sus experiencias vividas en esta práctica.

-¿Qué es el Slam?
Gabriel Richieri: Para mí es una forma de que la poesía pueda hacerse visible, de que los poetas escondidos puedan animarse a salir a la luz.
Maia Duek: Es una forma de poesía oral que combina las palabras con el uso del cuerpo y la voz. Es una manera muy útil y práctica de aprovechar la transmisión oral.

-¿Cómo fueron sus inicios en este género?
Richieri: Siempre fui escritor de poemas y cuentos. Nunca publiqué de manera profesional, pero suelo exponer lo que escribo en bares, ferias y muestras desde hace bastantes años. Hace apenas un año y medio me metí en el Slam.
Duek: Escribo desde los diez años porque lo necesito. Siempre que podía cantar lo que escribía al público, aprovechaba la oportunidad. Pero en el Slam particularmente me involucré hace no más de dos o tres años.

-¿Cómo surgió el Slam originalmente?

Duek: Surgió en los Estados Unidos durante los ochenta. Acá, en la Argentina, se empezó a popularizar hace unos cinco años, cuando comenzaron a hacerse los torneos cada vez más seguido.

-¿Qué temas se pueden abordar en los poemas del Slam?
Richieri: Cualquiera puede ser el tema. Todo lo que genere una idea o emoción en quien escribe. Todo lo que el autor necesite transmitir y expresar para provocar algo en el espectador.

-¿De dónde surgieron las ideas de lo que pusiste hoy en escena?
Richieri: Todo es experiencia personal. Hablo de mí todo el tiempo, de mi dolor, de mi miedo, de mi amor y mi alegría. Todo surge de recuerdos. Trato de tener una mirada real pero siempre con sentido del humor.


-¿Cómo es la relación con los otros participantes?

Richieri: No conocía a nadie personalmente. Pero por las redes sociales fui conociendo cómo trabajaban los chicos de “Zona Norte” y “Zona Sur” de Buenos Aires. Me parecía muy interesante todo lo que veía. Eso me provocó un especial entusiasmo al momento de venir a participar.
Duek: Muy buena. No conocía a todos personalmente, pero en el espacio que nos tocó compartir nos sentimos cercanos y fuimos como amigos que disfrutan de hacer las mismas cosas.

-¿Cómo sintieron la relación con el público?
Richieri: Al público te lo tenés que ganar. El primer paso es hablarle a la gente, no sólo recitar. Uno hace contacto y los mira a los ojos, les lee y les habla a ellos. Cada uno a su manera lo ha logrado. En lo personal, me sentí querido y reconocido desde el primer momento.
Duek: Era el primer encuentro entre distintos países y la gente venía con muchas expectativas, con ganas de algo nuevo y diferente. Entre todos tratamos de darles eso que venían a buscar. Hubo que establecer contacto y me dio la sensación de que lo conseguimos rápidamente.

-¿Cómo fue la experiencia hoy?
Richieri: Increíble. Desde el primer momento hasta el último. Estoy feliz de haber participado. Es maravilloso conocer gente con la que se comparte esta pasión. Ojalá sigamos en contacto porque lo que hemos vivido hoy fue hermoso.
Duek: Fue precioso. No puedo creer lo que pasó, conocí gente que hace cosas impresionantes. Gané, siento que gané, siento que ganamos todos. La copa se la llevó uno, pero ganamos todos.

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Entrevista a Andrés Burgos

Esa difícil combinación entre televisión y literatura

Por Florencia Albornoz, Rocío Llano y Paloma Cortina

El colombiano Andrés Burgos es escritor, guionista y cineasta. Nacido en Medellín en 1973, se graduó como Comunicador Social en la Universidad de Antioquia y recibió su título como Cineasta en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. Dirigió la adaptación de Sofía y el Terco, su propia novela. Entre sus libros publicados se encuentran las novelas Manual de pelea y Nunca en cines. Guionista de televisión, fue el encargado de adaptar Metástasis, la versión colombiana de la exitosa serie estadounidense Breaking Bad. Burgos fue uno de los invitados internacionales al FILBA, donde compartió su visión sobre el futuro y opinó sobre la contaminación cruzada entre la televisión y la literatura.

-¿Qué serie se podría adaptar a Latinoamérica?

-En Colombia se adaptan muchas series. Se han hecho adaptaciones de ER, Grey’s Anatomy, Brothers & Sisters, Nip/Tuck, porque ahora también hay una onda. A Argentina llegan muy pocos de estos productos, pero Colombia es un gran productor de mercado interno y externo de cosas propias y adaptaciones. Antes de que hiciéramos estas de afuera, compraban las nuestras en el exterior para hacerlas en otro formato: Yo soy Betty, la fea es la más famosa y la más exitosa. No es raro que alguna telenovela que se haya hecho para Colombia termine adaptándose en países más conocidos como México y Estados Unidos, pero también termina habiendo versiones rusas o filipinas. Es todo parte de una industria muy importante.

En el panel que compartió junto a los autores Sergio Olguín y Alberto Barrera Tyszca, donde se habló sobre la influencia entre la tv y la literatura, Burgos mencionó su interés en la serie estadounidense Penny Dreadful que, entre sus protagonistas, cuenta con personajes literarios como Dorian Grey y Victor Frankenstein.

-Así como las series están influidas por la literatura, como el caso de Penny Dreadful, ¿Qué literatura está influida por las series?

-No estoy muy al tanto de lo que se escribió últimamente como influencias de series. En mi generación se decía que había más influencia del cine, porque se pretendía que fuera un lenguaje cinematográfico, con una estructura. Yo estoy un poco de acuerdo con lo que se decía en la charla, que es más bien la literatura la que está influyendo las series. No me parecería raro que hubiera un autor joven que empezara a mencionar alguna serie a modo de guiño pop, pero creo que lo estructural que podrían aportarles las series a la literatura ya está en la literatura.

-Adaptaste al cine una novela propia, ¿cómo fue ese trabajo?

-Había mantenido muy paralelo mi trabajo en literatura y en cine, hasta Sofía y el Terco, mi cuarta novela. Cuando empecé a escribir el guion pensé que nunca iba a conseguir hacer esa película, pero quería contar la historia de todos modos. Mientras estaba terminando la novela se pudo hacer la película y terminé haciendo ese proceso en paralelo. En lo que estoy trabajando ahora lo estoy haciendo de ese mismo modo, solo por meterme en problemas, pero me parece muy interesante ver qué le puede aportar una plataforma a la otra. Creo que la plataforma cinematográfica puede aportarle estructura, acción y avance a la literatura, y la literatura me ayuda a aportarle un poco de densidad y atmósfera a los guiones.

-Cuando eras chico te influyó mucho la televisión, ¿qué literatura te influyó para escribir?

-Siempre fui lector, pero inicialmente no se me ocurría que podía ser escritor porque leía a los grandes latinoamericanos, y cuando leía a Borges, pensaba: “Puta, esto no lo puedo hacer”. Luego descubrí a los escritores norteamericanos que hablaban de la cotidianeidad y me di cuenta de que eso también es literatura, más cercana a las historias que se me ocurren a mí. También encontré el estilo de los asiáticos que se quedaban mirando cositas pequeñitas. Fue darme cuenta de que para ser escritor no tenía que ser un gran sabio ni un erudito, no tenía que ser Borges ni Lezama Lima. Aprendí lo amplia que es la literatura con la literatura norteamericana.

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