Filba Blog

Movimientos

diciembre 19, 2016

Filbita 2016, Textos | Filba | Comments (0)

Por Paula Bombara

Paula Bombara2

Soy del mar de los Sargazos y a la vez soy toda Europa.

Miro anguilas de agua dulce.

Millares de hembras desovando -mueren luego, las mayores; parten, las crías- cubren la superficie de esas aguasalgas.

Lo cuantioso, cuando es de pequeñeces, abruma.

Soy anguila. Estoy en tránsito.

Las mareas cálidas marcan el rumbo y también la memoria. No viajo sola, no respondo sola a los depredadores. Sé que me espera otra cosa allá, en la adultez de los lagos.

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Alguien que llega, alguien que parte

diciembre 6, 2016

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Por Iris Rivera

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Alguien parte, se parte, llega y después…

Mis cuatro abuelos partieron de España y se partieron. De Galicia, de Burgos, de Valencia llegaron, sin conocerse y en cuatro barcos distintos, poco antes de la Primera Guerra.
Mi hermano y yo nos criamos con los abuelos maternos hasta los 6 años de él y los 10 míos. Recién ahora, abuela como soy, tomo dimensión de lo que habrá sido para los nuestros sembrar hijos y, más adelante, nietos… y no volver a su tierra nunca más.
Mi tierra, Mi tierra… si habré escuchado ese suspiro en el aire.

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El caballo de madera

diciembre 2, 2016

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Por José Sanabria

José Sanabria por Viki Ospina (foto)

El pequeño se levantó sobresaltado por el sueño que ya era recurrente en las tardes y se dirigió con lentitud hacia el cuarto que su madre usaba como taller de costura. Su llanto era apenas perceptible pero conmovedor. La manera como se tapaba el rostro con las manos hacía que la madre lo tomara en sus brazos mientras lo llenaba de palabras tiernas. Ya en calma y cumplido el ritual de la tarde, el niño buscó su caballo de madera para dar el habitual paseo por la calle de tierra en donde se encontraría con los otros niños de la manzana. Pero no lo encontró. Buscó un poco y sin demasiado esfuerzo antes de volver al taller de su madre para saber dónde estaba el juguete. La mujer lo tomó en sus brazos de nuevo y le dijo que el caballito se había ido de viaje para reunirse con otras criaturas de madera, pues ese era su destino. El pequeño estuvo varios días pensando cuál sería el lugar a donde había viajado su caballo, y recordó que era un caballo construido con maderas lejanas, tan lejanas como la nave que él mismo había dibujado en una hoja de cuaderno a rayas. En ella soñaba con ser un pirata de esos que llegan a las islas y saborean el calor de la arena, luego de meses de tormentas y vientos del sur. [Leer más]