Filba Blog

Las historias que contamos

octubre 17, 2015

Cruce epistolar, Filba Internacional 2015 | Filba | Comments (0)

La teleseries son la educación sentimental de los latinoamericanos y la principal cultora de nuestro carácter melodramático. ¿Cómo se gestan las intrigas, usurpaciones y amores de teleseries? ¿Cómo dialoga este género con la literatura? Dos escritores invitados al #FilbaInt -Alberto Barrera Tyszka y Marcelo Leonart- que se dedican a escribir teleseries, comparten sus ideas y debaten al respecto.

Santiago, 27 de agosto de 2015

Hola, Alberto. Me gustaría empezar hablando de las historias y del oficio de la escritura en relación a los géneros. Recuerdo una entrevista que le hacen a Pier Paolo Pasolini en los años 60. Pasolini, más conocido fuera de Italia como un rupturista cineasta, era —además y antes de colocarse detrás de la cámara— poeta, novelista, articulista, periodista, lingüista, guionista y dramaturgo. Ante la pregunta acerca de cuál oficio sentía más suyo, Pier Paolo contestó: En mi pasaporte, donde dice PROFESIÓN U OFICIO, siempre pongo: ESCRITOR. Guardando las salvajes distancias, siempre me he sentido identificado con esa militancia. Así como hay escritores que se sienten profundamente novelistas (pienso en Donoso o Vargas Llosa) o poetas que se sienten indefectiblemente poetas (Chile parece ser una de las patrias de estos especialistas) o dramaturgos que lo son hasta la médula, mi propia postura ante mi escritura es su bastardía y unidad. Bastardía porque al momento de ponerme a escribir no hago mayores distinciones, todo lo que hago resulta del hibridaje, de la promiscuidad de formas. Y unidad exactamente por las mismas razones. Porque ya sea en el teatro, en el cuento o en la novela (géneros que vitalmente practico), la pulsión es la misma y viene desde que tengo uso de razón: a partir de los primeros comic que leí cuando niño, las ganas irrefrenables de contar historias. Inventarlas. Modificarlas. Estructurarlas y desestructurarlas para así tratar de comprender cómo funciona el mundo. Y fracasar siempre en el intento. Y, como decía Beckett, volver a intentarlo para fracasar otra vez, pero, esta vez, fracasar mejor. Así, cada vez que debo firmar con algo más que mi nombre, pongo el oficio que más me representa: ESCRITOR. Y si tengo que ponerme algún apellido, sería DE HISTORIAS. Porque eso siento que hago. Contar historias. Como cuentos, como novelas, como obras de teatro. O como guiones de televisión (oficio que, para mí, es un planeta distante, al que tengo que ir como un pirata, dispuesto a buscar honradamente mi propio botín).
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“Escribir sin jamás, por ningún motivo, caer en la trampa de hacer carrera”

octubre 1, 2015

Cruce epistolar, Filba Internacional 2015 | Filba | Comments (0)

Durante las semanas previas al festival, dos autores que no se conocen -Daniel Mella y Mauro Libertella- intercambian cartas y conversan a cada lado del río sobre cómo fueron sus lecturas fundamentales. El pequeño Nicolás, El lobo feroz y los tres chanchitos, Cortázar, Paul Auster y Cien años de soledad son algunos de los títulos que destellan en un imperdible intercambio epistolar.

LECTURA + PANEL CRUCE EPISTOLAR-4

Daniel, empiezo a escribir esto un domingo a la tarde y trato de imaginar o de evocar esa Montevideo hermosa y silenciosa, una ciudad perfectamente detenida en donde supongo que vas a recibir este mail. Como sé que te pasó a vos, desde que apareció la idea de esta correspondencia y con ella el tema de “los libros iniciáticos”, empecé no solo a recordar sino directamente a ver esos libros; objetos que ya no guardo pero que puedo reconstruir con increíble precisión, con esa memoria material con la que sobreviven las cosas que en un momento fueron verdaderamente importantes. Pienso en las ediciones de tapa amarilla de la colección infantil de Alfaguara, por caso, que no solo fueron fundacionales por lo que contaban sino que me hicieron inferir por primera vez la idea de una colección editorial: esa especie de confianza absoluta en un sello. Alrededor de esos libros, de hecho, podría erigir mi propio mito de fundación.
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